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jueves, 28 de diciembre de 2023

De viaje por la Toscana

Termina un nuevo año y volver a prometer que voy a actualizar con mayor frecuencia el blog sonaría más a inocentada que otra cosa, así que no volveré a caer en lo mismo que llevo ya más de cinco años. Y más de seis. Con bastante retraso, quería comentar que he estado unas dos semanas en Italia después de no haber cogido un avión desde 2019. Ha sido una experiencia única dado que me desplacé con mis hijos de 4 y 2 años respectivamente, una silleta y varias maletas. Sin más ayuda, dado que mamá se encontraba trabajando por allí y afortunadamente ya ha regresado para no irse más.

Entre septiembre y octubre visitamos la región de la Toscana. Estuvimos en Pescia, Pisa, Florencia, Livorno, Lucca, Pistoia, Viareggio y Montecantini. No fue difícil movernos porque por allí el tren funciona bastante bien, al haber buena red ferroviaria y conexiones así como horarios favorables y buenos precios. Algo de lo que desde luego en España no se puede hablar. Sin embargo, tampoco nos creamos que el coste de la vida es menor, pues nada más lejos que la realidad. La inflación en los supermercados italianos es mucho peor, si bien cuando sales a comer o cenar te puede costar más o menos lo mismo.

En Pisa, donde estuvimos un fin de semana completo, disfrutamos (como no) de ver y acercarnos a la famosa torre inclinada. Se encuentra bordeada de un pequeño jardín y próxima a una gran explanada. Si no me equivoco consta de siete pisos y mucha gente entraba a verla por dentro y subir. Sin embargo, yendo con niños no era una buena idea. Recomiendo ir a verla tanto por el día como por la noche.

Florencia es sin duda la ciudad más interesante, no ya por ser más grande y la capital de la región sino también por sus monumentos. Especial interés tiene la catedral, el museo Da Vinci y el Miguel Ángel. Para niños descubrimos una tienda oficial de Lego con muchísimas cajitas y ordenadas por edades, desde los más pequeños hasta adultos. Como anécdota, nos encontramos con un joven cantando en registro tenor y congregando a muchos turistas y nacionales.

En Pistoia me encontré con una librería de cómics, algo que llevaba tiempo intentando encontrar en mis sucesivos viajes a Italia. En ella había mucho cómic Disney "made in Italy" y compré un Paperinik y un Topolino (Don Miki) a muy buen precio. Cerca de dicha librería podemos pasar un rato contemplando los edificios antiguos y tomando un gelatto mientras nos sentamos en la Piazza del Duomo. También cuenta con un zoológico que lamentablemente no visitamos.

En Viareggio disfrutamos de un paseo por la playa y ver el Mar Tirreno. También había por allí un tío vivo con el que disfrutaron nuestros niños y mamá. Si bien papá se quedó en tierra por propia decisión para grabarles fotos y vídeos. También vimos una noria gigante, pero obviamente eso estaba fuera de nuestro atrevimiento (por no mencionar lo mucho que me mareo). Lo único que no me gustó fue que hay zonas de la playa de paso prohibido y que son de uso exclusivo de una empresa (un restaurante). Aunque fuese para sus clientes creo que eso está de más y tampoco lo he llegado ver jamás en España.

Livorno también está en la playa, si bien lo que hicimos por allí fue más bien un paseo por la zona comercial. En esta localidad sí que nos clavaron bien en la comida o al menos el coste fue sensiblemente mayor que en las demás. Imprescindible visitar el acuario, que está cerquita del mar. No es ni mucho menos como el de Valencia y se ve rápido, pero disfrutamos de ver a muchos animales marinos como tortugas gigantes. También tiene un piso más arriba en el que podemos ver a insectos.

Lucca tiene una plaza central muy bonita, que recuerda un poco a la de algunos pueblos españoles. Tiene un festival de cómics y videojuegos especialmente multitudinario (tal vez el más famoso de toda Italia), pero lamentablemente este año fue más tarde del tiempo que estuvimos por allí y las obligaciones laborales de mi esposa le impidieron acercarse.

Pescia es donde estuvo trabajando mi esposa y obviamente donde más tiempo pasamos. Su fama es que allí nació el autor de Pinocho, Carlo Collodi y por ello existen muchos muñequitos de Pinocho en las tiendas para turistas. Sin embargo, tampoco es en sí una localidad turística o al menos se puede ver casi todo lo importante en una mañana. No tiene mucho movimiento y si acaso lo más interesante que nos pareció fue un parque infantil cercano a un río. Al menos sí tiene sitios recomendados para comer, como pizzerías en el centro y algunos kebabs a buen precio. Lo que menos me gustó es la accesibilidad que tiene con aceras muy estrechas e inviables para carritos de niños.

Montecantini alto es rápidamente accesible a través del tren desde la estación de Pescia. Al contrario que su vecino, es un pueblo mucho más "vivo" con una mayor conexión con la naturaleza y merece la pena pasar el día por allí.

En resumen y en general, lo que creo que conecta a todos estos lugares es que son localidades con edificios bastante antiguos y poca vivienda nueva (sólo he visto reparaciones y restauraciones). No tiene pinta de que haya existido ladrillazo más allá de construirse centros comerciales a las afueras. Existe mucho comercio local y tiendas de toda la vida. Incluso cines. ¡Cines propios! Fue en Viareggio donde llevamos a los niños a ver la última película de Paw Patrol (superpoderes). En cambio, lo que menos me gustó fue que prácticamente no existen semáforos. Es una rara avis en la Toscana. Lo que hay son pasos de peatones y hay que tener mucho cuidado a la hora de cruzar. Por otra parte, aunque es cuestión de gustos, no te puede sentar en ninguna heladería porque son exclusivamente para llevar. Al parecer, lo que prefiere el turista es pasear o sentarse en alguna plaza mientras se toma el gelatto.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Visitando Londres en Semana Santa

Durante estos días de Semana Santa, he podido desconectar de la rutina en Londres, donde he pasado uno días visitando por primera vez esta capital del Reino Unido y en compañía de mi mujer y varios familiares. Terminé 'exahusted' y me traje un catarro de recuerdo, pero mereció la pena y contaré algunos aspectos del viaje. Lo primero de todo que hay que tener en cuenta es el cambio monetario, cuya equivalencia actual es de aproximadamente 1,3 euros cada libra. Lo que viene a decir que allí están las cosas un 30% por más caras que aquí y no es broma. No ha sido nada barato para nosotros pasar cuatro días en Londres y especialmente hemos notado diferencia en el coste de los menús, siendo prácticamente la misma comida que aquí en España.

Siempre se piensa que viajar a Londres es una buena oportunidad para mejorar nuestra soltura del idioma. Hasta cierto punto es cierto, pero si vamos para escasos días no hay prácticamente ocasión para ello. Pero es que, además, nos dimos cuenta de que esta capital europea está "plagada" de españoles y latinos. Muchísima gente, algunos puede que de turismo como nosotros pero también existen quienes trabajan allí de forma provisional o indefinida o bien en otras partes o lugares de Reino Unido. Raro era el momento en que no escucháramos la lengua de Cervantes, por lo que la sensación era curiosa. Pero también existe mucha población musulmana e incluso trabajando en oficios en los que jamás los veríamos aquí. ¿Os imagináis una mujer ataviada con su burka como dependienta de Primark? ¿A que no? Pues en Londres hay muchas. Sin embargo, tampoco es que haya allí mucha igualdad de sexos entre los musulmanes. Pues para muestra un botón la de una gran mezquita al lado de nuestro hotel. En su puerta principal (muy grande) indicaba un cartel "entry for men". O sea, entrada exclusiva para hombres. Sin comentarios.

Londres es muy grande y tiene mucho que visitar. Para ello, es imprescindible sacarse un bono de metro-autobús, como la tarjeta recargable Oister. En los trayectos subterráneos, al llegar a cada salida es muy típico que escuchemos una y otra vez la frase "mind the gap between the train and the platform". Y no es para menos, porque al abrirse las puertas hay que tener muuucho cuidado con pisar en el espacio ó agujero que queda. Puesto que nos podemos romper una pierna así a lo tonto. De hecho, en un cartel se señalaba que hasta 159 personas sufrieron heridas por "meter la pata" donde no debían.

El primer día visitamos el enorme parque de Hyde Park. Lleno de patos, cisnes y palomas a los que se supone no hay que alimentar pero todo el mundo le da. También podemos ver a graciosas ardillitas en los árboles. Pero siempre será obligatorio ir a Westminster y ver, cómo no, el Big Ben, las casas del Parlamento, el Thamesis River y la noria London Eye. A todos estos sitios fuimos por la mañana (lo del parque fue por la tarde). Como anécdota, me llamó la atención algo que había visto en Internet y que pensaba que era fake. En el puente, existen unos huecos a modo de adorno que, con la luz, proyectan en el suelo repetidas sombras que recuerdan a... un falo.Vamos, al gordo con sus dos aproximaciones.

El segundo día conocimos el Castillo de la Torre de Londres. Un castillo bastante majo en el que vivieran en su momento Enrique VIII y Ana Bolena y en el que por supuesto se rodaron algunas escenas y temporadas de los Tudor. Exteriores e interiores son visitados todos los días por muchísimos turistas y podemos contemplar varios mini museos. También pudimos contemplar las joyas de la Corona. El tercer día visitamos los alrededores del palacio de Buckingham donde vive la reina Isabel II y su familia. En el mismo, desde las puertas pueden verse a los guardias reales como permanecen quietos hasta que en un momento dado se mueven para caminar su marcha. Es precisamente a lo que los visitantes aguardan. El cuarto día lo dedicamos a visitar el British Museum, con salas de museos dedicadas principalmente a la época mesopotámica y egipcia con sus momias y todo. Pero especialmente con esculturas de enorme tamaño.

Nos hubiese gustado haber visto algún musical u obra de teatro (por asistir a algún acto cultural en inglés), pero desgraciadamente llegamos tarde o teníamos que hacer una cola impresionante. Como para ver el musical de Charlie y la fábrica de chocolate.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Luna de miel en Thailandia

Después de tres semanas de parón y de disfrutar de mi luna de miel, reanudo las publicaciones en el blog haciendo referencia (como no) al viaje. Voy a comentar brevemente (porque daría para cinco o seis posts cuando menos) algunos de los aspectos más llamativos de lo que ha sido un curioso e interesantísimo viaje a Tailandia. Concretamente a Bangkok, Chiang Rai y Chiang Mai. Tanto a nivel cultural como social, el mundo oriental es completamente diferente. Empezando por el clima, que allí se caracteriza por tener tres estaciones. El verano (muchísimo calor), los monzones (lluvias) y el invierno, que paradójicamente se parece más al verano de aquí. De hecho, en Bangkok nos encontramos con 35 grados por la mañana y 27 por la noche. Además, es una ciudad muy caótica en la que al margen de que vivan 12 millones de personas las conexiones de las calles no son muy buenas y se arman auténticas peloteras de tráfico. Gente y gente a todas horas.

Templos y religión- La religión mayoritaria es el budismo. Es un credo radicalmente distinto al cristianismo en muchos conceptos. Así por ejemplo, ellos no tienen un Dios sino que creen en el Big Bang y a quien realmente veneran es a un profeta que se llamó Sidarta Gautama y que a través de la meditación se convirtió en "el iluminado" y rompió el ciclo de la vida y de la muerte alcanzando el estatus de Buda. Concretamente tras meditar durante 48 días sin descanso debajo de un árbol. Creen en la reencarnación y en todo lo relacionado con el Karma, de manera que las acciones que uno tenga en una vida influirán en la siguiente que tenga. Es decir, si son buenos con el prójimo se reencarnarán en algo "bueno" y si son malos, en algo "malo", como una cucaracha. Las vidas vienen a ser una acumulación de conocimiento y la cúspide ha sido alcanzada sólo por una persona, pero se cree que en el futuro existirá otro buda. En los templos, brillantemente ornamentados con piedras preciosas y oro macizo, la gente camina y se sienta descalza (es obligatorio quitarse los zapatos para pisar las alfombras) llevando incluso libros de casa.


Mercadillos.- La ley de todos ellos es la del regateo. Tanto de día como de noche y podemos ver calculadoras con teclas grandes en todos los puestecillos. Ropa, souvenirs... y ni que decir tiene que los propios vendedores van a la caza de su cliente especialmente si detectan que son foráneos como nosotros los occidentales. Al principio es muy probable que nos ofrezcan un precio bastante caro (40 bats son aproximadamente un euro) pero lo que tenemos que hacer es rebajar mucho para luego hacer un tira y afloja. Podemos incluir varios productos en vez de uno y otras estrategias son aludir que lo hemos visto más barato en otros sitios o anunciar nuestra "last offert". Existe incluso un mercadillo flotante realmente fascinante, en el que vamos navegando en barca y los vendedores con un pequeño ganchillo nos acercan a su puesto para regatear.

Monarquía.- Visitamos el palacio donde vivían los reyes, que ahora mismo en realidad moran en el sur del país. Lo más destacable es que el rey es como un padre para los Thai. De hecho el 5 de diciembre es su cumpleaños, se considera allí el "día del padre" y se monta una macro fiesta con muchas cosas gratis: comida, transporte... y la capital se engalana de fotos y carteles. Eso sí, del rey joven, porque consideran que beneficia más a su imagen poner fotografías de los años setenta y ochenta que ahora, cuando ha cumplido nada menos que 87 años. Allí no es como aquí, no se permite crítica alguna a la monarquía bajo castigo fuerte. Incluso de cárcel.

Sociedad y estilo de vida.- El 80% de los Thai no tienen cocina en su hogar. Por lo general se bajan a la calle a comprar comida de puestecillos. En lo que al trabajo se refiere son muy etnocéntricos, pues obligan a que por cada extranjero se contraten cuatro nacionales. Tampoco puede abrirse un negocio sólo por extranjeros e incluso existen puestos de trabajo cerrados en exclusividad a tailandeses. Sin embargo, son gente muy honrada y el índice de criminalidad es muy bajo. Quizás por lo fuerte que pega el budismo y la creencia en la reencarnación y consecuencias de acciones de una vida en la siguiente.


Taxis.- Existen los taxis de toda la vida, pero también hacen las veces de este tipo de transporte unos vehículos que vienen a ser unas motocicletas con carcasas de coche. Y todas ellos de colores, que igualmente en el caso de los mercadillos van a saco a proponer al "guiri" que los utilice para desplazarse. Se llaman los 'tuc-tuc' y van a una velocidad endiablada, pero no son muy caros y se cuelan por cualquier espacio. Sólo hay que sujetarse bien a la barra.

Chiang Rai.- Al norte de Tailandia, pudimos visitar la tribu de las mujeres jirafa. Es decir, un poblado en el que las mujeres se van colocando anillos en el cuello. También comimos en un restaurante buffet con comida típica de allí que además quedaba cerca de un pequeño invernadero de mariposas. Por lo demás, más templos de visita. Pero sobre todo el que más destacó fue el templo blanco Wat Rong khun, de una estética mucho más moderna y con figuras impresionantes. Todo de un color blanco muy puro. Por otra parte también visitamos una inmensa plantación de té y nos tomamos varios tés de allí, comprando un poco para nuestra familia. De nuestra estancia de dos días en esta pequeña ciudad también recuerdo el trato profesional del servicio del hotel, especialmente de su restaurante.


Chiang Mai.- Estuvimos en un campamento de elefantes llamado Maetang en el que pudimos disfrutar de un show en el que estos animales desfilaban, jugaban al fútbol y al baloncesto, pintaban cuadros con la trompa, etc. Por supuesto, también hubo tiempo para pasear a lomos de uno de ellos durante un rato bastante largo, subiendo y bajando cuestas e incluso atravesando un río. Previamente también fuimos pasajeros de un carro de bueyes, pero que ni punto de comparación tenía con el elefante al que alimentábamos con bananas pequeñas y no se cansaba de pedir con su trompa.

Por otro lado, también visitamos el Reino de los Tigres. Nos metimos en una jaula con varios tigres de tamaño considerable... que permanecían impasibles y como si nada. Desconocemos si únicamente son animales muy domesticados o que se les suministraría algún tipo de droga, porque se podían tocar, abrazar e incluso rascar la barriga sin que reaccionaran apenas. Tan sólo se prohibía acercarse a la cara o tocarle la cabeza para que no interpretara esos movimientos como una provocación, al tiempo que evitar realizar fotografías con flash (para no dañar los ojos del animal).

Otros.- También disfrutamos de unos masajes Thai bastante completos por todo el cuerpo, aunque menuda "paliza" nos dieron en la espalda. Eso sí, sin duda muy relajantes y apenas costaron 5 euros. Por otra parte, asistimos a unos combates de boxeo. En la mayoría de ellos se declaraba vencedor a uno de los participantes por tiempo, pero pudimos ver dos KO en los que (eso sí) el ganador fue humilde y hasta alguno de ellos pidió perdón al otro por dejarlo en el suelo.

domingo, 13 de julio de 2014

Visitando Bari y Alberobello

Al igual que hace unos meses, volví a Italia por motivos de trabajo y por unos días. Pero en aquella ocasión fue al norte y ahora ha sido el sur. Concretamente he estado en Bari y Alberobello. La primera es una ciudad de unos 350 mil habitantes que es capital de la provincia del mismo nombre y pertenece a la región de Puglia. Está situada en la costa y ello le confiere un atractivo especial, pero también influye el hecho de contar con un casco histórico interesante y, sobre todo, muchos lugares de concentración de jóvenes. Seguramente será porque con el mes de julio han terminado los exámenes de la Universidad. La segunda es un pueblo eminentemente turístico que se encuentra algo más al sur y que se caracteriza por tener casitas antiguas con un techado especial.

El casco histórico es un lugar agradable para pasear y en el que estar a cualquier hora del día. Muchas heladerías, sitios para comer o cenar y algún que otro pub. Es decir, la zona neurálgica de la fiesta y particuliarizada en la Piazza Mercantile. Como lugares de obligada visita (o visualización) están el castillo y la basílica de San Nícola, patrón de Bari. También está la catedral de San Sabino. Por otra parte, se puede subir a la zona alta de la ciudad y contemplar unas hermosas vistas de la costa y panorámica de la ciudad. Como curiosidad, hay que señalar que existe una avenida entre la ciudad y el casco histórico que es la Corso Vittorio Emanuele II y en la que podemos ver un montón de banderas de diversos países en las farolas. La correspondiente a España está situada justo enfrente del consulado. La zona del puerto también está muy bien, pudiendo caminar durante un buen rato de punta a punta y apreciando el suave clima. Sin embargo, el tramo reservado a la playa es muy reducido. O al menos yo no llegué a divisarlo porque el puerto se comía bastante. En la fotografía se aprecia un edificio majestuoso que es el Teatro Margherita.

Una de las cosas que más me ha sorprendido de Bari (no sé si por lo poco que me va quedando) es que parecen existir bodas todos los días. Los tres días que he estado llegué a ver a tres parejas de recién casados (una cada día) y al mismo tiempo pude ver 3 estudios de fotografía y 3 establecimientos de venta de vestidos y trajes. El catolicismo, de hecho, pega muy fuerte en Italia y más aún que en España con mucha gente asistiendo a las iglesias. Por otra parte, recomiendo encarecidamente tener mucho cuidado al cruzar los pasos de peatones. Da igual que estén regulados con semáforos porque la gente se los salta continuamente e incluso pitando a los viandantes. Una auténtica vergüenza, pero desde luego queda confirmado que los italianos tienen aún peor educación vial que nosotros.


En cuanto a Alberobello, es un bonito pueblo con un casco histórico caracterizado por un techado muy curioso. En forma de pirámide circular con piedras negras y rematadas con una figurita blanca. Son casas que tienen muchísimos años de antiguedad y algunas de ellas son tiendas de souvenirs pero existen muchas que siguen siendo viviendas normales. Fuera de ello es un pueblo que aparentemente es como uno cualquiera, pero cuando subimos unos cuesta y apreciamos todas esas casitas juntas le otorgan un valor cultural muy importante. Cada una de esas casitas se denomina Trulli y el conjunto de ellas es el Trullo. Además, esta localidad está hermanada con otras del mundo que también cuentan con un techado característico, como Charleroi en Bélgica. También existe otra ciudad en Japón, pero por desgracia no apunté su nombre.

domingo, 30 de marzo de 2014

Brescia y Bérgamo, dos caras de una moneda

Hoy voy a hablar muy brevemente de un viaje que realicé hace algo más de un mes a Brescia y a Bérgamo (Italia), por motivos de trabajo. Hace bastantes años ya había estado en ese país, concretamente en Venecia. Desde entonces han cambiado mucho las cosas, especialmente en lo referido al uso de la moneda. Para los coleccionistas, desde luego que ha sido un palo la desaparición de tantas monedas de la Unión Europea. Pero a su vez un reto encontrarlas.

Brescia es la capital de la provincia del mismo nombre, perteneciente a la región de la Lombardía y situada al norte de Italia. Su población se aproxima a 200.000 habitantes, por lo que vendría a ser de una extensión similar a Cartagena de España. Se encuentra en una zona industrial bastante rica y así por ejemplo existen bastantes empresas del sector de laboratorio químico y microbiológico, que fueron las que visitamos en nuestras tareas laborales los días que estuvimos allí. Es una ciudad que está bien, pero honestamente pienso que carece de potencial turístico. Como lugares de referencia está la Plaza de la República como centro de la ciudad, la plaza del Mercado, la de la Iglesia, el castillo y el palacio Loggia. Es una pena que los dos últimos no pudiera visitarlos, pues el tercero quedaba muy lejos de nuestra ubicación y el último lo encontramos cerrado después de pocos minutos. Pero no existía ninguna oficina de turismo y en el hotel nos dieron una simple página impresa de Google Maps. ¡Hasta dónde llega la crisis! En cuanto a lugares de ocio, cerca del hotel había un centro comercial: Freccia Rosa. Dos plantas y bastante grande, con muchas franquicias tanto para comer como para comprar ropa. Y no noté demasiada diferencia en los precios respecto a España.


Bérgamo está algo más cerca de Milán y en ella se ubica el aeropuerto de Orio al Serio. La parte más interesante es la zona alta, a donde llega el autobús o funicular con muchos turistas. Existen muchos edificios de necesaria visita como la Piazza Vecchia, la basílica de Santa María la Mayor, la torre Cívica (52 metros de altura) y la catedral. Un área amurallada (6 kilómetros y cuatro puertas de acceso) encierra el casco histórico de la ciudad y con muchos callejones por los que pasear, llenos de gente. Por supuesto, existen muchas tiendas de regalos, recuerdos y obsequios, algo que se convierte siempre en un punto obligado de búsqueda. En una confitería probé el dulce típico de la región, que me pareció sencillamente delicioso. Se trata del Polenta e Osei, que se trata de un mazapán amarillo con crema de chocolate, mantequilla y ron. Me quedé con ganas de comprar una o dos cajas, pero no lo hice por miedo a que los pesados del aeropuerto me lo denegaran por cualquier chorrada de seguridad o no llegasen en buen estado. Al final me arrepentiré y bien, porque tomar un Capuccino acompañándolo con un postrecito de estos sentó como una merienda estupenda. La parte baja es la moderna, más típica de una ciudad normal y corriente y por lo tanto menos atractiva turísticamente.

En cuanto al idioma, descubrí (por si había alguna duda) que los italianos nos dan mil vueltas a los españoles en idiomas. Casi todo el mundo sabe hablar en inglés y gran parte entiende el español (no tantos como parece). Pero el caso es que tuve que comunicarme mezclando palabras en español y en inglés, lo que sinceramente resulta bastante ridículo. Porque es lamentable no saber ni una palabra en el idioma local y tener que conversar en otros idiomas. Y es que conviene aprender algo del idioma antes de viajar, del mismo modo que muchas veces te das cuenta de que no sabes tanto como crees. Y allí tienen otra cultura. Ojalá en España nos esforzáramos todos más y exista pronto una educación hasta trilingüe si es posible. Pero sobre todo depende más de un esfuerzo personal.

domingo, 24 de febrero de 2013

Juntos en Manchester

Nuevo domingo y nuevo post. Pero esta vez con una distinción bastante considerable. Y es que mientras esta entrada es publicada, me encuentro a nada menos que 2.531 kilómetros de mi casa, en la ciudad británica de Manchester. Y es que después de 50 días, tocaba hacer una vistilla a mi novia que se encuentra de estancia temporal por motivos de trabajo. Menos mal que ya queda menos para que acabe, pues ya se sabe que cuando se está acostumbrado a verse casi todos los días, cuando llega un momento que hay que se acumulan muchos días la nostalgia se agiganta. Pero por supuesto que llega el momento del reencuentro. Hacía mucho, mucho tiempo que no salía al extranjero. Concretamente desde 1998. Eso sí, por primera vez piso territorio inglés y tampoco estaba mal que buscara algo sobre los monumentos más relevantes y pintorescos de esta gran ciudad.

La Catedral se sitúa en el centro de la ciudad, aunque en el medievo se trataba de la iglesia de Santa María. Ha sufrido muchas remodelaciones debido a que fue muy dañada por bombardeos alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, conserva gran parte de su estructura original y ello ha favorecido sus restauraciones. No es una catedral demasiado grande, destacando en su exterior su única torre de tamaño rectangular, sus jardines, la nave central y el acceso al coro. En su interior puede apreciarse toda su belleza gótica y en ese sentido tiene poco que envidiar a las de mayor tamaño.

The Printworks es uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Se encuentra también en el centro y en su interior se halla una mezcla original de oficinas, restaurantes, exposiciones culturales, cines, otras zonas de ocio y por supuesto de compras. Sin duda es una oferta para pasar largas horas, muy superior a los típicos centros comerciales que abarrotan nuestro país y además con un ambiente más íntimo, a media luz en el pasillo por el que atravesamos de una entrada a la otra. Los madrileños seguramente se acordarán de los edificios históricos de la Gran Vía al contemplar su majestuoso exterior.

El Ayuntamiento es un impresionante edificio histórico de estilo neoclásico que fue terminado en 1887, en plena época de la revolución industrial. El simbolismo que tiene es precisamente indicador de la riqueza y poderío de la ciudad en aquellos tiempos, siendo la segunda más próspera económicamente de todo el Reino Unido después de Londres. Eso sí, las visitas al Town Hall se restringen a los días de lunes a viernes.


Los Jardines de Piccadilly reciben ese nombre porque están al lado de la estación de tren del mismo nombre. Tiene muy fácil acceso, ya que desde allí parten muchos tranvías que conectan con toda la ciudad. Aparte de contar con una zona de compras y restaurantes, es un punto muy habitual de aglomeración de turistas, que aprecian sus enormes espacios verdes. De esto tampoco tenemos en España... Quizás lo que más llamará la atención a algunos es que se encuentra allí un centro Primark de nada menos que cuatro plantas.

Cerca de Piccadilly se haya Oldham Street, que no es sino el barrio bohemio y que representa una explosión cultural alternativa y diferente a lo clásico. Está abarrotado de comercios, algunos de ellos artesanales y otros donde se pueden encontrar objetos antiguos. También existen restaurantes exóticos.

El Edificio Urbis es una majestuosa construcción, acristalada y de cinco plantas, que está justo enfrente del Printworks. En su interior es un museo que también cuenta con interesantes exposiciones artísticas que son absolutamente gratuitas. Actualmente ha sido reconvertido a Museo nacional del fútbol, con exposiciones de camisetas, balones, cuadros, material audiovisual y juegos.

Y para terminar, aunque quedarían muchos lugares interesantes por visitar, está el Mosi. El Museo Nacional de Ciencia y Tecnología. Lo mejor son sus edificios adyacentes, en los que podemos observar desde máquinas de vapor y motores de la época de la revolución industrial hasta aviones antiquísimos. La entrada es totalmente gratuita. En fin, no sé si nos dará tiempo a ver todos estos edificios y construcciones simbólicas, pero lo cierto es que habrán sido unos días inolvidables.

Saludos desde Manchester.