domingo, 28 de junio de 2026

Mel Brooks cumple 100 años y se viene Spaceballs 2

En el día de hoy, Melvin James Kaminsky, conocido artísticamente como Mel Brooks, ha cumplido 100 años. Se trata del guionista, director y actor y productor estadounidense nacido en Brooklyn (Nueva York) y descendiente de judíos polacos y ucranianos. En 1968 ganó un Oscar por el mejor guion original y en su carrera también tiene 3 Tony (teatro), 4 Emmy (televisión) y 3 Grammy (música), siendo uno de los pocos en acaparar premios en las cuatro categorías. Pero, ante todo, es un genio de la comedia que ha sido imitado por muchos y puede considerársele precursor de las parodias de películas. Mucho antes de Agárralo como puedas con Leslie Nielsen o las famosas Scary movies. Recientemente se ha terminado de rodar la secuela de La loca historia de las galaxias, mi película paródica favorita de todos los tiempos y se estrenará el próximo año 2027 coincidiendo con los 40 años de la primera. Echaré un repaso a sus obras más populares al menos bajo mi punto de vista y que son muy representativas de las distintas etapas de su carrera. Así, tras una última película en 1994 (Drácula, un muerto contento y feliz) y varias colaboraciones poniendo su voz en cintas de animación, volverá a participar bajo los focos.

Superagente 86

De esta serie hice un post hace nada menos que 15 años en este mismo blog, que puede consultarse en este enlaceLa serie se estrenó en 1965 y nació como una parodia de las historias de espías que estaban de moda en aquella época. Mientras el cine estaba dominado por el fenómeno de James Bond y el espionaje elegante, Brooks decidió darle la vuelta. En lugar de un agente sofisticado e infalible, creó a su parodia Maxwell Smart: un espía convencido de ser brillante aunque gran parte de su éxito llegaba por casualidad, terquedad o una increíble acumulación de suerte.

El protagonista, interpretado por Don Adams, se convirtió en un personaje irrepetible. Sus frases (“Me equivoqué por un pelito así", "¿Y si le dijera…?”, "te dije que no me lo dijeras"), el célebre zapatófono, las puertas de la sede de CONTROL o su rivalidad con KAOS terminaron siendo elementos icónicos. A su lado estaba Barbara Feldon como la Agente 99, inteligente, competente y muchas veces la persona que realmente mantenía las misiones bajo control.

Lo curioso es que Superagente 86 no era una simple sucesión de chistes. Muchos de sus gags se repetían una y otra vez, pero funcionaban porque Brooks entendía algo muy bien. Y es que el humor nace de crear una expectativa y romperla. Sabías que Maxwell Smart iba a complicar la misión y lo divertido era descubrir cómo iba a hacerlo en cada capítulo. La serie de televisión duró cinco temporadas llegando hasta 1970 en EEUU y siendo importada para la española en los años noventa. Pude disfrutar de esta serie cómica en La 2 de TVE y fue, por supuesto, una auténtica fuente de inspiración para las historietas de cómic español como Mortadelo y Filemón y Anacleto, agente secreto. 

Dispongo de la colección completa de los episodios en DVD, pero lamentablemente no pude adquirir la edición maravillosamente doblada al español latino y que fue la que escuchábamos en La 2. Así que tengo la original con subtítulos. Ambas ediciones salieron a la venta en el año 2008, coincidiendo con la adaptación al cine con Steve Carell y Anne Hathaway. Hubo un intento de reboot de la serie en 1995, pero no pudo competir el efecto nostálgico en unos tiempos modernos y con propuestas como Los Simpson y Expediente X y fue cancelado tras siete capítulos. Actualmente, aparte de Brooks del elenco habitual viven Barbara y Bernie Kopell, el que encarnara al malvado Sigfried con 93 años de edad ambos.

El jovencito Frankenstein

Young Frankenstein (El jovencito Frankenstein en España) es una de las obras más queridas de Mel Brooks y para muchos su película más redonda. La película es una parodia y al mismo tiempo un homenaje a los clásicos de terror de los años 30. Se estrenó en 1974 y nació de una idea desarrollada junto a Gene Wilder, que además interpretó al protagonista. Se trata del doctor Frederick Frankenstein (que insiste en pronunciar su apellido “Fronkonstin” para distanciarse de la fama de su abuelo). Es un científico que intenta escapar del legado familiar… hasta que termina siguiendo exactamente el mismo camino. Desde el primer momento nos percataremos de la hábil construcción de los personajes cuyo papel es ejecutado con una vis cómica absolutamente delirante. El trabajo de los actores es formidable y por eso los personajes se siguen recordando.

Brooks quiso recrear visualmente el estilo de aquellas películas clásicas. Por eso se rodó en blanco y negro en una época en la que ya casi nadie lo hacía y llegaron incluso a utilizar parte del equipamiento original empleado en las películas clásicas de Frankenstein. También tiene un reparto memorable: Marty Feldman como Igor (uno de los personajes cómicos más recordados de la película y sobre todo por sus ojos), Peter Boyle como la criatura, Cloris Leachman y Teri Garr. También tiene escenas que se quedaron grabadas en la cultura popular: la confusión con el cerebro “Abby Normal”, el cambio constante de posición de la joroba de Igor o el número musical Puttin' on the Ritz. Que por cierto, la tuve durante un tiempo como sintonía de llamada de mi teléfono móvil en un tiempo personal en el que precisamente necesitaba mirar con un poco de optimismo.

Spaceballs (La loca historia de las galaxias)

Spaceballs llegó en 1987 y representa una etapa muy particular de la carrera de Mel Brooks. Después de haber parodiado el western, el terror clásico, el cine mudo o el suspense, decidió apuntar a otro gran fenómeno cultural: la ciencia ficción moderna y, sobre todo, la enorme influencia que había generado Star Wars. De esta película también hablé en este blog, igualmente hace 15 años en este enlace. Lo más divertido es que Spaceballs no se limitó a copiar una sola película. Era un auténtico cóctel de referencias. Si bien Star Wars era el objetivo principal, existieron guiños a otras sagas como Alien, Star Trek, El planeta de los simios o incluso El mago de Oz, así como elementos de la cultura popular de la época. Brooks tomó todo aquello y lo pasó por su filtro habitual, es decir, humor absurdo, ruptura de la cuarta pared y personajes completamente exagerados.

El reparto también ayudó muchísimo a convertirla en una película de culto. Bill Pullman interpretaba a Lone Starr, John Candy a Barf, Rick Moranis construyó un inolvidable Casco Oscuro y el propio Mel Brooks aparecía en dos papeles: el presidente Skroob y Yogurt, una evidente parodia de Yoda convertida además en una broma sobre el merchandising. Con ello se permitió reírse incluso del negocio alrededor del cine y lo más curioso es que acabó siendo casi una profecía. Lo que era un chiste sobre explotar comercialmente una franquicia terminó pareciendo una observación muy adelantada a su tiempo.

También dejó momentos imposibles de olvidar para quienes la vimos: "que la suerte te acompañe" (en original, el “Schwartz”), la “velocidad absurda”, la escena de videocasette viendo la película dentro de la propia película, Casco Oscuro (Dark Helmet) jugando con las figuras de acción y múltiples más que no deseo spoilear a quienes no hayan visto aún esta obra maestra de las parodias. Y es que no tengo tapujos en admitir que hablo completamente como fan pero con conocimiento de causa. Spaceballs tiene algo que otras parodias no consiguieron. Incluso si no conoces todas las referencias, sigue funcionando. Los personajes tienen personalidad propia, enganchan pronto al espectador y el humor va mucho más allá del guiño fácil. Por eso, casi cuarenta años después, muchos seguimos citando frases y recordando escenas de memoria.

Las locas, locas aventuras de Robin Hood

Robin Hood: Men in Tights (Las locas, locas aventuras de Robin Hood en España) llegó casi al final de una etapa de Mel Brooks. Se estrenó en 1993 y en esta ocasión Brooks dirigió su mirada hacia las innumerables versiones de Robin Hood que habían aparecido durante décadas. La historia seguía las líneas generales del mito clásico: Robin regresa a Inglaterra y encuentra un reino lleno de abusos e injusticias, enfrentándose al príncipe Juan y al sheriff de Nottingham. Pero aquí nada permanecía serio durante demasiado tiempo. Brooks llenó la película de juegos de palabras, anacronismos imposibles y bromas que rompían constantemente las reglas de la propia historia. También, por supuesto, referencias a otras películas como Harry el sucio o El Padrino.

En el reparto, Cary Elwes interpretó a Robin Hood con ese tono entre héroe clásico y personaje completamente consciente de lo ridículo que era todo a su alrededor. Richard Lewis daba vida al príncipe Juan y Dave Chappelle aparecía como Ahchoo, en uno de sus primeros papeles en el cine. Y como ocurría con muchas películas de Brooks, dejó escenas difíciles de olvidar: el concurso de tiro con arco, los gags recurrentes sobre el cinturón de castidad, las bromas sobre los acentos británicos, el sheriff de Nottingham o esa forma tan suya de romper la cuarta pared cuando menos lo esperabas.

Es cierto que no alcanzó el impacto cultural de El jovencito Frankenstein o Spaceballs y en algunos tramos es irregular y no tiene el mismo efecto, pero para muchos fans tiene lo que necesitaban. Mel Brooks haciendo exactamente aquello que mejor sabía hacer, que era coger un género muy reconocible, explotar perfectamente sus clichés y llevarlos al absurdo total sin perder nunca el cariño por el material original. Por lo tanto, es una de esas películas que todavía consigue una sonrisa incluso antes de que llegue el chiste, porque muchas veces ya sabes lo que viene y funciona igual.

Spaceballs 2: la secuela cómica más esperada

Resulta tan curioso y emocionante que aquella broma que parecía imposible vaya a continuar con una nueva película. Porque durante décadas Spaceballs 2 fue casi un chiste recurrente entre los fans… hasta que dejó de serlo.

Lo primero que llama la atención es que Mel Brooks no se ha limitado a dar su aprobación desde la distancia. Regresa como productor y, al parecer, volverá a interpretar a Yogurt y previsiblemente también al presidente Skroob, algo que resulta bastante increíble si pensamos que durante el rodaje estaba próximo los 99 años. Pero lo mejor para los fans de la original es el regreso de buena parte del elenco clásico. Así, Bill Pulman volverá a ser Lone Starr, Daphne Zúñiga como la princesa Vespa, Rick Moranis el malvado Casco Oscuro y George Wyner como el coronel Sandurz, la mano derecha del anterior. Sin duda, uno de los regresos más celebrados es el de Rick Moranis. Más que volver a Spaceballs, supone prácticamente su vuelta al cine de acción real tras décadas alejado de la industria para centrarse en su familia. Solo esa noticia ya hizo explotar internet entre los fans. También habrá caras nuevas: Josh Gad, Keke Palmer, Lewis Pullman y Anthony Carrigan se incorporan al universo de la película. Uno de los detalles más simpáticos es que Lewis Pullman interpretará a Starburst, hijo de Lone Starr y Vespa; y Lewis es precisamente el hijo real de Bill Pullman, actor de Lone Starr. 

Pero hay una ausencia imposible de ignorar y que hay que recordar que John Candy falleció en 1994 de un ataque al corazón. Su Barf era mucho más que una parodia de Chewbacca y logró que el personaje resultara cómico y entrañable. Han surgido rumores sobre un posible cameo de su hijo Chris Candy como homenaje, aunque no existe confirmación oficial. Y quizá ese sea el tipo de homenaje más apropiado: no sustituir a John Candy, porque es imposible hacerlo, sino recordar por qué seguimos queriendo a ese mitad hombre, mitad perro casi cuarenta años después.

Sobre la historia se sabe muy poco. El estudio ha mantenido los detalles bajo secreto, aunque ya se ha confirmado que seguirá siendo una gran parodia de Star Wars y de otros fenómenos actuales de la cultura popular. Por lo tanto, seguirá la línea que marcó la película de 1987 con las franquicias de su época. Mel Brooks bromeó cuando se anunció el título oficial. Durante años los fans soñaron con Spaceballs 2: The Search for More Money tal y como se cuenta al final de la película, pero Brooks comentó que ya no podían llamarla así porque había encontrado el dinero en su sótano. Un hombre que ha llegado a los 100 años y que, en lugar de despedirse de una de sus obras más queridas, todavía puede volver a decirnos una vez más:

"Que el Schwartz esté contigo."

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