domingo, 4 de octubre de 2015

La saga rolera de Elder Scrolls

Y esta es la entrada número 300 del blog, aunque como siempre cuando haré balance será con motivo del quinto año. En el día de hoy vuelvo a hablar de videojuegos y concretamente de una saga de rol que aún no está cerrada, a pesar de que su primer título salió a la venta hace más de 20 años. Me refiero a Elder Scrolls, creada por Bethesda Softworks y conocida por la amplia libertad que proporciona al jugador en un mundo completamente abierto, sin transiciones. El personaje principal en cada uno de ellos no tiene nada que ver con el de otro, conociéndose muy poco o nada de su pasado. Y la historia principal tiene lugar en una concreta provincia cuyo nombre toma el juego. Pero todo tiene un comienzo, con estos dos juegos que comentaré a continuación y que, pese a insertarse en una dinámica simple de dos dimensiones, marcaron a una generación de gamers. Actualmente no se venden pero son descargables de forma gratuita en la página web oficial de la saga.

En 1994 fue publicado Arena, que nos plantea una aventura en la que tenemos que atravesar mazmorras pero no como los típicos juegos de plataformas en que vamos saltando, sino desde una perspectiva de primera persona. Nuestra misión es derrotar a un falso emperador que en realidad es un mago que traicionó al rey auténtico, preso en otra dimensión. Moviendo el teclado vamos dando pasos o girando por los cruces, encontrándonos con enemigos y otros personajes que nos darán información. Pero también visitar aldeas y renovar nuestro inventario. En general, su atmósfera es bastante oscura, pero peca de ofrecernos unos movimientos muy rudimentarios. Pero los gráficos son buenos.

Dos años más tarde ve la luz Daggerfall (1996). Supera el anterior en muchos aspectos, fundamentalmente porque se configura como un juego de rol en un sentido más auténtico. Estéticamente, también mejora  tanto los gráficos y color como el movimiento, así como los escenarios. Ahora bien, lo más importante es que se aumenta considerablemente su extensión, consolidando un nuevo estilo. Además, el número de personajes con el que podemos interactuar es asombroso, con muchas misiones pese al pequeño espacio que ocupa el juego y hasta cinco finales distintos para concluir la historia. El argumento nos establece dos misiones por encargo del rey Uriel VII, que posteriormente derivan en la búsqueda de un poderoso robot gigante para el imperio.

Pero la revolución llega seis años después con Morrowind. (2002) La dinámica visual pasa a ser de tres dimensiones, con un detallismo y juego de luces y sombras absolutamente sorprendente. Profundidad en los fondos (bosques, ciudades, mazmorras), armas muy cuidadas... aunque los personajes tengan una animación un poco modesta se perdona. Incluso me atrevería a decir que pionero, puesto que por aquél tiempo era alucinante encontrar un juego de PC de semejante impacto visual. Por primera vez escuchamos voces de los personajes y contamos con una deliciosa banda sonora de corte épico. Atravesamos un vasto mundo en el que no sólo tendremos que cumplir la misión principal de derrotar al malvado dios Dagoth-Ur asumiendo el papel profético de Nerevarin. Existen misiones secundarias que nos llevarán un tiempo de aventuras importante, tal que puedan generarse subtramas en la historia. Este recurso se iría explotando en los siguientes juegos. Este título tuvo dos expansiones: Tribunal y Bloodmon.

El siguiente es Oblivion (2006). El rey Uriel VII nos libera de una celda (como siempre no nos acordamos de nada) y nos encarga la misión de detener una invasión. Nos encontramos de nuevo con un mapeado gigante, pero sobre todo con mejores en la ambientación, color y movimiento, que era uno de los pocos puntos mejorables del anterior. Cualquiera que jugara hoy día volvería a pensar que es un juego actual, cuando realidad es de hace una década. También existe un buen capazo de misiones que al igual que el anterior juego nos permite formar parte de una serie de gremios. Como expansiones tuvo otras dos, que son Knights of the nine y Shivering Isles. 


Con estas mejoras, cada vez era más difícil mejorar lo anterior. Pero Bethesda lo hizo posible. El 11/11/11 fue publicado Skyrim. La joyita. Un título que ha recibido un 10 en muchas revistas especializadas. Y es que no es para menos. Para empezar, sus voces están traducidas al castellano, lo que contrasta con Dragon Age. La escenificación es realmente asombrosa, con un cuidado detallismo en los personajes (clásico talón de Aquiles) y en los monstruos. Y qué decir de las batallas, en las que se asiste a toda la crudeza y realismo posible. Además, en esta ocasión, el mundo es absolutamente gigantesco. Tenemos una trama principal, pero muchísimas misiones secundarias que pueden establecer grandes aventuras alternativas. Podemos hacer tantísimas cosas y desbloquear logros que nos llevaría meses recorriendo esta provincia que casi podría ser Hibernalia de Game of thrones, ya que nieva en gran parte de ella. ¿De qué va el argumento principal? algo parecido a Morrowind. En este caso somos un Sangre de dragón con poderes asociados a estas bestias que tenemos que derrotar a una poderosa sierpe. Su éxito motivó hasta tres expansiones, que son Dawnguard, Heartfire y Dragonborn.

Actualmente existen rumores de Bethesda esté preparando la sexta entrega. Cada vez cobra más fuerza su certeza, pero se desconoce si estaría pensado para 2016 o más adelante (otros dicen que 2018). El caso es que cada vez se hace más difícil subir más el listón de lo que lo lleva haciendo esta gran saga de rol.

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