sábado, 11 de agosto de 2012

Cine clásico de humor

De todos es sabido que el séptimo arte lleva más de 110 años de vigencia, pero las películas que suelen estar en boca de cada generación son por lo general cintas recientes o que marcaron su infancia o juventud. Sin embargo, existen muchas que conservan un encanto que les hace perdurar a lo largo del tiempo. Se necesita una especial sensibilidad para apreciarlas, así como la comprensión de que fueron rodadas en una época muy distinta a la presente. Sólo así podemos ser capaces de percibir la calidad que les atesora. Y por ello hoy voy a hablar de varias de mis preferidas del cine clásico, el de blanco y negro. La comedia fue el género más popular, destacando figuras de talla gigante como Charles Chaplin, los Hermanos Marx, Tony Curtis y Jack Lemmon.

La mejor película de Charles Chaplin, interpretando al inolvidable personaje Charlot, es sin duda Tiempos Modernos. Rodada en 1936, se desarrolla casi sin palabras y representa una crítica contra la sociedad industrial, la alienación del individuo que pasa a desempeñar un rol autómata en su trabajo y considerado una simple pieza más del sistema capitalista y sobre todo las dificultades para sobrevivir en unos tiempos complicados en que las fuerzas de seguridad parecen más preocupadas por capturar a los pobres. Conocerá a una joven sin techo, una bellísima Paulette Godard que precisamente se convirtió en uno de los amores de Chaplin. Juntos, lucharán por sus sueños, que son sobre todo tener una vivienda bajo la que resguardarse de los males de la sociedad y en definitiva, trabajar para vivir. No vivir para trabajar. Realmente inolvidable la escena en la que Charlot se pone a cantar, pero aún más el final. Muy emotivo y la verdad es que no pude evitar que se me escapara una lágrima.

No obstante, la que se ha popularizado más dentro de la filmografía de Chaplin es El gran dictador. Tuvo la enorme valentía de filmar esta cinta en 1940, en plena Segunda Guerra Mundial. Una acertadísima parodia de Hitler, que aquí se llama Hynkel y que es el dictador de Tomaina. Pretende ampliar su imperio y sobre todo expulsar a los judíos. Chaplin desempeña un doble papel: por un lado ese dictador y por otro un judío que tras un accidente aéreo no recuerda nada. Ya de por sí los cabreos hablando alemán frenéticamente nos demuestran como clava la personalidad de alguien terrible, aunque sea mezclándolo con tintes humorísticos. La sorpresa viene cuando nos encontramos con el Mussolini de turno, existiendo escenas altamente memorables. Y eso sin olvidar el gracioso baile con el globo terráqueo y ante todo la inmortal escena final con el discurso político. Todo un alegato a la paz y una feroz crítica contra los dictadores fascistas. Si ya nos emocionó el final de TM, este definitivamente nos impacta.


De los Hermanos Marx, el más popular ha sido sin duda Groucho por sus ingeniosas frases, pero el éxito ha sido debido a todos sus integrantes incluyendo a Zeppo, que participó en unas pocas películas como Sopa de ganso. La considerada mejor cinta de este trío humorístico es Una noche en la ópera (1933). En ella apoyarán al actor Ricardo, enamorado de Rosa, frente a Lasparri que es el antagonista. En la peli se recogen escenas eternamente recordadas como “la parte contratante de la primera parte” y el camarote, siendo esta ciertamente desternillante. También están muy logradas las confusiones que generan los protagonistas a los personajes secundarios, como en el hotel cambiando las camas de sitio. Y otra cosa que me llamó la atención fue cuando Harpo toca el piano, ejecutando con maestría una pieza musical, de las varias que existen en la cinta. Este trío ha inspirado a muchos actores o especialistas del humor, siendo copiados muchos chistes o gracias. La calidad de esta película residen en que su condición de pionera en esos aspectos humorísticos le conceda un plus en el género. Porque existen unas raíces, y una de ellas son los Marx.

Y para terminar, Con faldas y a lo loco (Some like it hot) de Billy Wilder en 1959. Protagonizada por el galán Tony Curtis y Jack Lemmon, que fuera años después el profesor Fate en La carrera el siglo. La secundaria de honor es nada menos que Marilyn Monroe, que canta en un fragmento de la película la famosa canción ‘I wanna be loved by you”. Es una cinta realmente delirante, en la que los protagonistas deciden disfrazarse de mujer (Josephine y Daphne) y participar en una banda musical (compuesta exclusivamente por féminas), para escapar de unos criminales que desean eliminarlos por ser testigos presenciales de un asesinato. Mientras mantienen la farsa y la voz de falsete, se superponen dos historias de amor, la de Curtis y Marilyn y por otro la de Lemmon y un pretenciero freak que desconoce que no es una mujer. Sólo lo sabrá al final, cuando pronuncia una de las frases más inmortales de la historia del cine: “nadie es perfecto”. Antes, existen muchos momentos especiales como la seducción a Marilyn, desempeñando Curtis un papel de duro muy eficaz.

3 comentarios:

Juan A. Ros dijo...

Qué grande el maestro Chaplin. Qué buenos momentos he pasado viendo sus películas y cuánto he podido reirme con ellas.

¿Y qué voy a decir de los hermanos Marx que ya no se sepa? Me encantaban cuando era un crío y me siguen encandilando estos grandes del humor.

Y Billy Wilder, otro gran maestro de la comedia, sabiendo hacer dramas muy duros con la misma calidad.

Enhorabuena por esta entrada.

Raw dijo...

Muchas gracias, yo también disfruté de estos actores de pequeño y sobre todo cuando proyectaban su filmografía de forma periódica. Son películas que merece la pena ver y su encanto no desaparece por muchos años que pasen.

Signum dijo...

Gran entrada, si señor.
Pocos actores encontraremos en esa época como Chaplin. Es muy difícil hacer reir únicamente con gestos y él lo hacía con creces.
Un abrazo.