lunes, 3 de enero de 2011

Cuidemos con amor a los agapornis

Hoy voy a hablar de unos pájaros que me encantan, tanto por su belleza (colores de sus plumas y ojitos) como por sus cánticos. Son los agapornis o también llamados inseparables. Son de la familia de los loros y deben su nombre a sus fuertes vínculos de pareja. Pasan mucho tiempo juntos y con frecuencia se arreglan las plumas uno al otro. Pueden llegar a desarrollar la capacidad de emitir sonidos por imitación, pero no de hablar tal y como lo harían sus parientes los loros El nombre "agapornis" tiene su origen etimológico en el griego, lo toma de las palabras Agape (Amor) y Ornis (pájaro). De ahí que también sean conocidos como los pájaros del amor. Su mayor estatura oscila entre los 13 y 16 centímetros y su esperanza de vida es de 15 años.

La jaula o casita del agaporni debe tener una anchura aproximada de 60 centímetros en adelante y debemos impedir la coexistencia con otras aves como canarios o periquitos puesto que no admiten la convivencia con especies diferentes. La ubicación debe ser preferiblemente en el patio, aunque deberemos protegerle de los cambios de temperatura extremos, como en invierno metiéndolos en un aseo por ejemplo o en verano evitando que les den directamente los rayos solares. El material de la jaula deberá ser preferiblemente metálico, puesto que las maderas pueden albergar con el tiempo restos de comida o suciedad de los excrementos que pueden desarrollar enfermedades. En lo que al interior se refiere, es recomendable colocar varios elementos de forma que se mantenga entretenido, como perchas, barras para que pueda saltar y colgarse o incluso columpios, a pesar de que es muy probable que termine picándolos, ya que son muy inquietos.

Domesticar a estas aves es harto complicado. Desde bien pequeñitos, debemos acostumbrarlas a cosas tan simples como comer de nuestro mano, sacarlos de la jaula e invitarles a que suban a nuestro dedito o a la mano, silbarles, acariciarles y en definitiva que no nos vean como un peligro, sino como un amigo. Si pasamos de ellos y nos limitamos a cambiarle la comida o a estresarlos demasiado, no tardarán en plantarnos cara y en querer picarnos para defenderse. De pequeños pueden llegar a hacerlo cariñosamente, pero de mayores pueden hacernos serias heridas. Por eso es importante que nuestro cariño sea constante o su mala leche puede ser irremediable.

En cuanto a su alimentación, las semillas son el alimento por excelencia de los pájaros, constituyendo un buen menú las de avena, alpiste, girasol e, incluso, una mezcla de las mismas. Son muy aficionados a las pipas, con lo que es buena idea llenar uno de los comederos. También podemos darle fruta como manzanas o verduras como la zanahoria (eso sí bien lavadas muy troceadas para que no se atragante). En cuanto al calcio, es importante evitar totalmente los alimentos lácteos, puesto que un exceso de los mismos puede generar desde la pérdida de las plumas hasta el fallecimiento del agaporni. En cambio son buenas las papillas a base de huevo, que fortalecen notablemente a los agapornis en su crecimiento.

A continuación hablaremos de los problemas o enfermedades que pueden experimentar estas bellas criaturas y cómo ayudarlas.

Si el agaporni comienza a arrancarse las plumas, ello a menudo significa que se siente aburrido pero también puede deberse a una carencia en la nutrición o un rasgo hereditario. En primer lugar, debemos proporcionarle abundancia de ramitas para que se entretenga. Si a pesar de ellos prosigue en su arranque, podremos acercarnos a un veterinario para que prescriba una mejor alimentación que evite que el pájaro se quite las plumas. Puede darse el caso de que es otro pájaro el que lleva a cabo el arranque, siendo la solución el poner al causante en otra jaula. Sin embargo, también pueden arrancarse las plumas durante la época de cría para contribuir a revestir sus nidos, por lo que deberemos asegurarnos de esa situación temporal.

Las heridas puede causárselas él solo o por el ataque de alguno de sus compañeros. Las más leves pueden cicatrizar en poco tiempo, pero las de carácter más grave deben ser objeto de tratamiento veterinario, en cuyo caso primero procederemos a limpiarlas y eliminando todas las perchas o instrumentos que pudieran causar más daño, inmovilizando a nuestra mascota (cubriéndolo con un pequeño trozo de tela). El veterinario le podrá suministrar antibióticos y permanecerá en una jaula especial mientras dure su tratamiento de urgencia.

También pueden ser víctima de hinchazones. Cuando han sido provocados por picaduras de avispas, lo recomendable es suministrarle un antiséptico. Sin embargo, cuando el motivo son tumores (más habitual), debemos llevar a la mascota al veterinario.

Si observamos que nuestra mascota resuella o se bloquea al respirar, acompañado en algunos casos de la secreción de abundante mucosidad, para solucionar sus problemas respiratorios, lo mejor será pedir una cita con el veterinario para que acuda a visitarle y le prescriba el tratamiento oportuno. El motivo es que el descenso de temperatura puede perjudicarle. Nos costará más caro pedir la visita, pero las probabilidades de que nuestro agaporni se recupere pronto serán mucho mayores.

Otro tipo de problemas son diarreas, ojos llorosos, pérdida de apetito, plumaje ahuecado, vómitos y disminución de peso. Las causas pueden ser de índole respiratoria, pero sobre todo de dolencias del aparato digestivo, el hígado o los riñones. Es posible incluso que tenga un origen vírico o incluso que sea el resultado de múltiples enfermedades acumuladas de las cuales una induce a la otra. Salvo el primer caso, en que podemos esperar al menos un día suministrándole sólo semillas acompañadas de agua, debemos de dirigirnos inmediatamente a nuestro veterinario.


Por último voy a hablar de algo muy curioso pero muy útil que son las jaulas hospitales. Es más, los veterinarios siempre cuidarán en este tipo de jaulas a los agapornis. Existen modelos comerciales disponibles para aves. Como su propio nombre sugiere, tan sólo se emplean en casos en que el pájaro está enfermo o herido. Lo más importante es que dispone de un calefactor, conectado a un termostato, colocado en un punto que permita proporcionar una temperatura uniforme. Debe situare en un extremo de la jaula, en su parte externa. El nivel máximo de temperatura en una jaula hospital debe oscilar en torno a los 30-34ºC para que resulte efectiva, aunque siempre será aconsejable consultar primero con el veterinario. Si el pájaro no se siente cómodo bajo la acción directa del calefactor puede trasladarse a otro punto de forma que siga recibiendo calor en su justa medida.

Es también vital que la jaula cuente con la adecuada ventilación. En cuanto al interior sólo deberemos colocar semillas y también agua, para calmar su sed provocada por el calor. Es más, algunos de los tratamientos prescritos cabe que sean solubles y, por tanto, que sean administrados a través del agua para beber en los supuestos de infección leve. Tan pronto como el pájaro de muestras de mejoría, deberemos proceder a aclimatarlo a la temperatura normal reduciendo la de la jaula hospital a razón de unos pocos grados cada día hasta situarla al nivel del local en que habitualmente se halla instalado.

Cuidemos y amemos a los agapornis. Son los pájaros del amor y requieren nuestro cariño.

2 comentarios:

Jacaranda Indalo dijo...

Tengo un agaporni que nació en casa y ya tiene más de un año. Ha empezado á perder pluma y no vuela. Le he mirado y tiene una caspilla y cañones queriendo salir. Le pongo tabernil y comida con mijo, bebe y come. Pero no puede volar. Al intentar cogerlo se le calleron todas las plumas de la cola como si estuvieran á punto de ello. Que puedo hacer?

Raw dijo...

Hola, pues teniendo precisamente esa edad casi con toda seguridad está experimentando su primera muda. Hay que esperar un tiempo a que poco a poco le vayan creciendo de nuevo las plumas. Mientras coma y beba normal, no se rasque continuamente, no se noten problemas digestivos y las plumas le crezcan de nuevo poco a poco no hay de qué preocuparse.