martes, 20 de septiembre de 2011

Tributo a Nené Estivill

El pasado 30 de marzo, en Mallorca, falleció uno de los históricos historietistas de la Editorial Bruguera, Alejandro Santamaría Estivill, más conocido como ‘Nené Estivill’. Aunque sea con varios meses de retraso, he querido realizar el presente post para recordar sus mejores obras, que fueron las series de historietas de humor de Agamenón y la Terrible Fifí. Es uno de los pocos grandes del cómic español que no nació en Barcelona, junto con el mítico Manuel Vázquez y Martz-Schmidt. Aquellos que contamos con al menos tres decenas en nuestros cuerpos, sí nos acordamos de sus simpáticas historietas publicadas en Ediciones B, pero afortunadamente el interés de la editorial en recuperar el fondo de Bruguera ha permitido que mucha más gente conozca la existencia de unos personajes totalmente originales, sin existir ninguna equivalencia en ninguna otra serie de otro autor. Nos ha dejado para siempre, pero su contribución a la historieta siempre será recordada, como su humor que con tanta genialidad ha quedado impreso en sus páginas.

Nació nuestro autor en Pontevedra en 1926 y comenzó su carrera profesional en los años cincuenta en revistas gallegas. Posteriormente colaboró para ‘La Risa’ de la Editorial Marco, la misma en la que Francisco Ibáñez comenzó a publicar. Las primeras series de Nené Estivill fueron El malvado Doctor Cianuro y su ayudante Panduro y Cañete Camarón, deportista de afición. En 1956 fue contratado por Editorial Valenciana y siguió publicando sus series, junto con la nueva ‘La bola’ y también publicó para el extranjero a través de la agencia Zardoya. En 1958 llega a Bruguera, realizando en un inicio chistes gráficos. Empezó con personajes como Silvano Mengano, Carolina, Juanito el Oso y Currillo Patata hasta crear a sus famosas series de la terrible Fifí (1958) y Agamenón (1961) en las revistas Pulgarcito y Tío Vivo. Desde ese momento siguió trabajando ininterrumpidamente hasta 1974. El motivo de su retirada fue la dificultad para compatibilizar su trabajo en Telefónica, en el que había asumido mayores responsabilidades. Coincidiendo con su jubilación en 1987, Ediciones B le llama para contar sus servicios y volvería a dibujar a sus personajes hasta 1993. Por último, el Project Levant le llamaría en 2006 para la muestra Historietes.



Agamenón es un orondo chaval de un pueblecito rural ficticio llamado Villamulas del Monte, que trae de cabeza a sus padres por sus ocurrencias, sin ser ni mucho menos una persona malvada. Es un chaval inocente y de talante bruto y poco ortodoxo que se toma las cosas muy al pie de la letra, de forma que Nené Estivill aprovecha los juegos de palabras para crear muchas situaciones de humor. Agamenón es sencillamente el más bestia del pueblo, un zángano sin remedio, glotón sin parangón y sus manjares favoritos son el chorizo y las judías o habichuelas con tocino, generando muchos gags que juegan con su comportamiento y el enfado de los demás. Sus peripecias tienen lugar en una España rural que temporalmente se situaría en los años sesenta, caracterizada por el analfabetismo y donde casi todos llevan boinas o pañuelos. Los diálogos de los personajes se plagan de errores de pronunciación, lo que llena los bocadillos de las viñetas de comillas y a veces dificulta un poco la lectura, pero muy fácilmente uno se acostumbra al tiempo que encuentra simpáticas esas expresiones. Sin lugar a dudas esta serie de humor ha dejado una huella especial por una frase que se repite en prácticamente todas las viñetas finales de sus historietas, la mayoría de una página: “igualico, igualico, quel defunto de su agüelico”. Esta inmortal frase es pronunciada por la abuela de Agamenón cada vez que observa un desastre producido por su nieto, advirtiendo que su difunto marido también organizaba zipizapes similares y reforzando el final humorístico.

La Terrible Fifí es un personaje muy diferente al anterior. Es una niña que vive en la ciudad tremendamente pícara, inteligente, algo "puñetera" según su creador y a veces un tanto cruel. De hecho ya de su aspecto se puede inferir. Una sonrisa acompañada de unas cejas arqueadas que sugieren que nada bueno se le ocurre. Se aprovecha de la inocencia y sobre todo de la codicia de las personas para engañarlas y reírse de ellas, que en cada historieta se convierten en blanco fácil. No tiene nada que ver con los Zipi y Zape de Escobar, pues aquellos realmente tenían buen corazón mientras que Fifí disfruta con la ingenuidad y bajeza moral de los adultos, existiendo en las viñetas una crítica social a tales actitudes y a los resquicios de la burguesía y aristocracia decimonónicas. Los personajes secundarios (en realidad sus víctimas) más frecuentes son el millonario Ricachini, Melanio y Ofelia, la novia de éste. El gag final suele ser reforzado por la breve intervención de otros personajes como Don Chafardete y Don Sordete, que comentan lo sucedido en un diálogo para besugos, o la abuelita preguntona, que interroga a Fifí para conocer qué ha pasado. También la protagonista tiene sus frases cliché de final de historieta y destaca una que me hace mucha gracia: “cuando la nena es maluchi, se impone la carreruchi”. También apareció en pequeñas tiras de anuncios de Colacao, en la revista Capitán Trueno Extra.



En cuanto a publicaciones recopilatorias, existe el Olé nº 13 de Bruguera (publicado en 1971) recopilando historietas de Agamenón. Evidentemente dicho álbum se encuentra descatalogadísmo, pero afortunadamente fue recuperada una buena selección en el Súper Humor Clásico nº 6, dedicado al autor y recogiendo historietas tanto de Agamenón como de la Terrible Fifí, y en el Clásico del Humor de RBA Coleccionables dedicado íntegramente a Agamenón, con cerca de 200 páginas de su creación más famosa. Además en el tomo 40 de esta misma colección, titulado 'La familia Trapisonda y otros personajes familiares', se encuentran 13 páginas de la terrible Fifí aparecidas en Pulgarcito entre 1958 y 1962. Merece la pena tener al menos el primero, que cuenta con una recopilación de sus dos series más famosas. Lástima que no incluyera un prólogo del autor, pues fue publicado aún en vida del mismo (2009).

Y por lo que se refiere a entrevistas, no existen demasiadas pero en cuanto al por qué de sus creaciones y sus predilecciones, Nené Estivill afirmó en una entrevista realizada por Manuel Darías en 1989 que siempre sintió un cariño especial por la gente del campo y los ambientes rurales, sobre todo por los pueblos. Admiraba la naturaleza y la peculiar idiosincrasia y buen humor de sus gentes, que contrasta con la de la ciudad. De hecho sus padres se criaron en un pueblo de tales características y siempre pensó que era bueno que el humor oliera a “la tierra de uno”. Y así lo plasmó en sus páginas. En cuanto a las frases típicas, también declaró que le encantaba que fueran el denominador común de sus personajes, de forma que dejaran una rúbrica que los identificase. La capacidad de Nené Estivill para representar a la sociedad rural y urbana, desde un punto de vista humorístico, ha sido brillante y merece un mayor recuerdo del que se le guarda en la red de Internet y los medios de comunicación.

Finalmente dejo constancia de la entrada de El rincón del Taradete de la que he recogido parte de la información sobre la bibliografía del autor.

2 comentarios:

Hergest dijo...

Buen repaso por la trayectoria de Nené Estivill, y gracias por poner la entrevista no la conocia.

Raúl dijo...

Gracias a tí por comentar. Como habrás visto, la entrevista se colgó en Entrecomics y resulta interesante leer sus impresiones sobre su trabajo.