jueves, 6 de agosto de 2026

¿Fin del formato físico de los videojuegos?

Durante años, el debate sobre la desaparición del formato físico parecía una posibilidad lejana. Sin embargo, la industria del videojuego se dirige cada vez con más claridad hacia un modelo completamente digital. El anuncio de Sony de que dejará de publicar nuevos juegos de PlayStation en formato físico a partir de 2028 ha reavivado la controversia. Si bien todavía no podemos asegurar oficialmente el abandono definitivo de los discos. Porque puede que Sony haya sido la primera gran fabricante en fijar una fecha para abandonar los nuevos lanzamientos físicos, pero otras compañías siguen sus propias estrategias. Microsoft lleva años avanzando en la misma dirección mediante Xbox Game Pass y el creciente peso del mercado digital. Nintendo, por el contrario, continúa apostando con fuerza por el cartucho físico, favorecida por un público familiar, el coleccionismo y la importancia que sigue teniendo el mercado de segunda mano en sus consolas. Ahora bien, mientras que para una parte aparentemente muy amplia de los jugadores lamenta la pérdida del disco, otra considera que simplemente estamos asistiendo a una evolución lógica del mercado. Personalmente me considero integrante de esta última. 

Aunque el anuncio de Sony ha generado un gran revuelo, lo cierto es que la transformación comenzó hace mucho tiempo. En PC prácticamente ya se ha consumado. Plataformas como Steam demostraron hace años que era posible construir un enorme ecosistema digital. Millones de jugadores poseen bibliotecas con decenas o incluso cientos de títulos sin necesidad de almacenar una sola caja en casa y desde la segunda década del Siglo XXI (2010) y más aún en la presente década post pandemia (2020), se ha podido comprobar y reforzar. En mi caso, por ejemplo, acumulo más de 380 juegos en Steam. Muchos fueron adquiridos durante rebajas por precios muy reducidos, algunos incluso en promociones gratuitas y también existen casos que corresponden a remasterizaciones de títulos que originalmente compré en formato físico. Por ejemplo, los Elders Scrolls, Monkey Island, Baldur's Gate, Broken Sword, Neverwinter Nigths... 

Esta evolución recuerda a otros cambios tecnológicos. Primero desaparecieron los vinilos como formato mayoritario (aunque posteriormente regresaron como producto de nicho), después llegaron los CD, más tarde el DVD y el Blu-ray fueron perdiendo protagonismo frente al streaming. En música tenemos Spotify, Amazon music (con Alexa), YouTube Music o Apple Music y sobre películas y series enemos Netlix, HBO, Prime, Disney +, Crunchyroll, etc... Si bien tienen la desventaja de que existen muchas series y películas antiguas que no se hallan en ninguna y no son un servicio perpetuo, pues algunos de sus contenidos luego son retirados porque sus visualizaciones no son rentables o cambian los contratos. Con los libros podría ocurrir algo parecido pero en un futuro más lejano. El libro electrónico continúa creciendo y probablemente terminará siendo predominante para muchos lectores, aunque siempre existirá un espacio para las ediciones impresas dirigidas a coleccionistas o a quienes disfrutan especialmente de la experiencia del papel.

El crecimiento del formato digital no responde únicamente al interés económico de las compañías sino a preferencias del propio perfil de los usuarios. Toda la biblioteca está disponible en una misma cuenta cuya seguridad de acceso se refuerza con sistemas de verificación en dos pasos, no es necesario cambiar discos cuando queremos dedicarnos a otro juego, las actualizaciones y mejoras llegan automáticamente sin tener que pagar más y nos permiten acceder a algunos juegos a precios muy bajos y a ofertas periódicas para juegos algo más caros (primavera, verano, Black Friday, Navidad, etc..), la facilidad para descargar cualquier juego en cuestión de minutos y la posibilidad de acceder a toda la colección desde cualquier equipo han convertido el formato digital en la opción preferida para buena parte del mercado. A todo ello se suma una realidad cada vez más evidente: muchos videojuegos físicos terminan almacenados durante años sin volver a utilizarse. Nunca he echado de menos más cajas ocupando espacio en una estantería. 

En cuanto al rechazo de una parte de la comunidad, algunos se defienden en que no debe de interpretarse como una simple resistencia al cambio. El principal argumento de quienes defienden el formato físico no es el disco en sí, sino los derechos que proporciona. Con una copia física resulta posible vender el juego una vez terminado, prestarlo a un amigo o conservarlo independientemente de que una tienda digital deje de comercializarlo. En cambio, cuando se adquiere un juego digital normalmente no se compra el producto en sentido estricto, sino una licencia de uso vinculada a una plataforma determinada. Desde esa perspectiva, el debate no giraría alrededor del soporte físico, sino sobre la diferencia entre poseer un producto y disponer de una licencia.

No obstante lo anterior, creo que hay algo más y es algo que podemos comprobar en muchas de esas cuentas de Instagram en las que creadores de contenido enseñan con orgullo sus cartuchos y juegos. Son una extensión pública de lo que a mucha gente nos ha gustado siempre, disfrutar del efecto visual de contar con una colección. Es algo que también sucede en libros y películas, pero no se ha llegado aún al nivel de digitalización ni amplitud de catálogo que el de los videojuegos. No cabe ninguna duda que sustituir el espacio físico por el almacenamiento de tu disco duro causa menos quebraderos de cabeza. Del mismo modo, muchos juegos terminan cogiendo polvo y sin poder jugarse porque han quedado obsoletos para los nuevos ordenadores o videoconsolas. Porque, sinceramente, ¿qué sentido tiene ocupar una estantería o varias llenas de DVDs de videojuegos que te ocupan espacio y puedes disfrutar perfectamente en tu cuenta personal? Más allá de presumir y enseñar en redes sociales la pedazo de colección que tienes, ¿qué aporta almacenar ese plástico?

Mi opinión personal es que considero que la desaparición del formato físico responde a una evolución natural del mercado. La comodidad del formato digital, el ahorro de espacio y la posibilidad de acceder a toda la biblioteca desde una única cuenta compensan, en mi caso, la pérdida del soporte físico. No obstante, creo que el verdadero reto para la industria no consiste en eliminar el disco, sino en ofrecer a los jugadores suficientes garantías sobre sus compras digitales. Si en el futuro las plataformas aseguran el acceso permanente a las bibliotecas, facilitan la preservación de los juegos y encuentran mecanismos que permitan una mayor libertad al usuario respecto a sus licencias, la transición será mucho más fácil de aceptar. No es suficiente el modo de "prestar un juego a un amigo" que por ejemplo existe en Steam, pero no deja de ser interesante. De cualquier manera, el cambio parece inevitable. La cuestión ya no es si los videojuegos serán exclusivamente digitales, sino cómo conseguir que esa evolución no suponga una pérdida de derechos para quienes los compran más allá de la nostalgia de tocar un disco y una carátula.

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